Colegio Profesional de Psicológos de Misiones

Testimonios

Algunos fueron entrevistados y otros enviaron sus escritos. A través de estos testimonios se propone recordar y conocer parte de la historia de estos 30 años y loso mensajes de los colegas.

Aldo Cerruti

Treinta crecidos años

Graduado de la entonces Universidad Nacional de Cuyo –hoy de San Luis- llegué a Posadas a fines de febrero de 1972. Fuí el tercero: poco después conocí a Susana (Huby para todo el mundo) Quintana de de la Torre y a Susana Novau de Pizarro, quienes me habían precedido en la llegada.

En esta rememoración de los 30 años de nuestra ley provincial de ejercicio profesional de la psicología no es en absoluto mi propósito el narrar una cronología de las personas ni de los hechos; sé que esta información está al alcance de quien desee consultarla en los registros de nuestro Colegio. He preferido, para escribirla, dejarme llevar por una motivación mucho más visceral y –creo yo- comprometida. En una hermosa canción, el cantautor Jorge Marziali, haciendo referencia a quienes debieron ausentarse de nuestro país (ya post 1976, ya post 2001) y a quienes se quedaron, dice: “ ¡… tanto aguante y calentura!”. Bien, es desde allí que intento escribir. Gracias, Jorge Marziali. Es desde el aguante y la calentura que en los ’70 un pequeño grupo de jóvenes psicólogos (sí, éramos todos jóvenes) nos pusimos las pilas para constituir la Asociación Misionera de Psicólogos (AMiPsi). Y, en coherencia y continuidad con este primer hito, logramos en 1980 la sanción de nuestra ley 1306/80 y, con ello, la creación del Colegio Profesional de Psicólogos de Misiones. Claro: esto, así dicho, parece lineal y sencillo; y precisamente lo que intento rescatar y subrayar es que fueron años intensos de lucha, de esfuerzo, de trabajo. En los respectivos lugares de trabajo, demostrando diariamente que la psicología era y es indispensable en la salud, en la educación, en lo jurídico, en la problemática conyugal-familiar. En aquellos años no gozaba nuestra actividad del reconocimiento y la presencia sociales de los cuales hoy dispone; por el contrario, había que lograrlos, y no era siempre fácil. La lucha también era cotidiana, aunque también es imprescindible recordar que en un espacio particularmente conflictivo, el de la psicología clínica, tuvimos desde un principio el serio e incondicional apoyo de profesionales médicos de la talla de la Dra. Natividad Leiva de Toledo, el Dr. Manuel Acosta, el Dr. José Balette, el Dr. Juan Carlos del Longo, el Dr. Mariano Balanda, el Dr. Juan Yadhjian.

Qué decir del esfuerzo; nada en estas líneas apunta al engreimiento, al envanecimiento por supuestos laureles generacionales. Muy por el contrario, es mi convicción al escribirlas la certeza de que la lucha y el esfuerzo no se han agotado, que nuestros jóvenes colegas tienen ante sí desafíos no menores a aquellos que debimos enfrentar los hoy jovatos más de treinta años atrás. Pero es digno de recordar que tuvimos y criamos nuestros hijos entre febriles reuniones nocturnas, después de las jornadas de trabajo, y que los textos que luego fueron ley surgieron de borradores escritos entre llantos y pañales.

Sin temor a cierta cursilería se puede afirmar que en algún sentido crecimos junto a nuestros hijos; primero, por haber elegido no una carrera ya consagrada por décadas o siglos de práctica y tradición, como la medicina, el derecho, la ingeniería, sino por el contrario una nueva, en la cual todo o casi todo estaba por hacerse y a nuestra generación le tocaba ese protagonismo. Segundo, porque nuestra novel profesión había nacido a la práctica bajo el estigma de la retrógrada “ley de Onganía”, la cual establecía con su obvio sello dictatorial que en el área clínica (tradicional columna vertebral de nuestra profesión) el psicólogo era un mero auxiliar de la medicina; lo cual no obstaba para que de hecho la psicoterapia y el psicoanálisis fueran ejercidos por psicólogos en todo el país. Y tercero: la extrema dificultad material predominante en aquellos años para la formación de post-grado; baste recordar que aún avanzada la década del 80 la APA no oficializaba la formación psicoanalítica de psicólogos.

Inevitable, e imprescindible a la vez, recordar los años de la siniestra dictadura 1976 – 83. El cierre de las carreras de psicología en todo el país, la persecución, la desaparición y/o la muerte de tantos colegas –de lo cual dan cabal testimonio E. Carpintero y A. Vainer en “Las huellas de la memoria” (Ed. Paidós, 2005, tomo II, pág. 287). Si bien en Misiones no hubo en nuestra profesión víctimas del terrorismo de estado, el terror y la zozobra cotidiana no nos fueron extraños. Resulta así casi increíble que en 1980, en plena dictadura, fuera promulgada nuestra Ley, sumando de tal modo un valioso precedente a la legislación hoy vigente en todo el país. Se daba así el justo desenlace, en nuestra provincia, a la ardua lucha que en toda Argentina, bajo la irrenunciable consigna “Hacer legal lo que es legítimo”, veníamos librando los psicólogos. En este punto quiero hacer una especial mención al colega y amigo que tanto especial desvelo dedicó a ese logro, y que fuera el primer presidente del flamante Colegio de Psicólogos de Misiones: Roberto Mendoza, hoy residente en otros lares.

En esta rememoración, forzoso es también tener presente que no todo a partir de 1980 fue triunfal y apacible. Y pienso en particular en la iniciativa que por vía judicial cursó un grupo de psiquiatras locales, solicitando la revocatoria de la LEY 1306/80 y, consecuentemente, retrotraer el status profesional del psicólogo a la “ley de Onganía”. Una vez más debimos asumirnos en lucha y fundamentar en los estrados legales lo que ya era ley; y una vez más primaron la razón y la justicia, la tal pretensión fue desestimada legalmente y nuestra ley quedó fortalecida.

Al ir llegando a los párrafos finales de este texto, me doy cuenta de que no ha sido poca responsabilidad el escribirlo. Creo que, si bien no es por demás extenso, su escritura me ha resultado tan intensa como la historia de la cual pretende dar un testimonio. Me recuerdo pasando varias veces de largo frente a la compu, como quien silba un tango y mira para otro lado: no me (le) animaba. Soy conciente de no haber hecho casi referencia a las décadas del ’90 y del 2000; sólo puedo aducir en mi favor dos argumentos. El uno, que ya en esas décadas participaban activamente muchos colegas jóvenes y q’, por lo tanto, el protagonismo de los “Ancianos” comenzaba con justicia a ceder espacios; el otro, que por mi parte me dediqué apasionadamente –sin abandonar por cierto la práctica psicoanalítica en el sector privado- a la salud mental en el ámbito de salud pública.

Hoy es otra la realidad, son otras las luchas. La profesión de psicólogo está firmemente afianzada, y por ello mismo es campo de otras discusiones y otros atravesamientos, como es otro el país. Por un lado, el avance de las políticas neo-liberales que propician la des-responsabilización del Estado en materia de salud pública y educación pública. A ello se suma una creciente demanda de servicios psicológicos, sin que –por lo antedicho- las instituciones públicas respondan con el debido incremento de recursos humanos debidamente capacitados. Otras circunstancias ponen a prueba incesantemente la formación de grado y hacen necesario el permanente replanteo de la misma, así como el de las ofertas de post-grado. La despolitización habida en amplios sectores de la juventud en formación, así como la escasa valoración de los grandes pensadores filósofos que se observa hoy en día en cátedras y planes de estudio, y además la banalización que parece enseñorearse de nuestra cultura “mediática”, son algunos de los desafíos actuales irrenunciables. Pero todo ello se pone de manifiesto, dialécticamente y lejos de los silencios encubridores, en un presente de vigencia y actividad fuertemente vitales.

 

Lidia Aide Preto

Memorias

En el año 1977, inicie mi actividad profesional en la Provincia, recién egresada de la UNLP. Oriunda de Montecarlo, había partido para estudiar Farmacia y volvía como Psicóloga, encontrándome en el interior de la Provincia, con una realidad que salía de los formatos de lo que había aprendido en la Facultad. La gente no conocía el quehacer profesional de la psicología, y además los que creían saberlo lo asociaban a la locura, así que los prejuicios eran muchos, por otra parte había que lograr un espacio en el campo de la salud mental ,como ciencia independiente de la medicina ya que hasta entonces estaba más circunscripta a una labor de auxiliar de los médicos psiquiatras. Recuerdo que mi primer matricula me la dio el Colegio Médico.

Mi actividad la desarrollé siempre en el ámbito privado, comencé realizando psicoprofilaxis del parto, algo novedoso por entonces y por mucho tiempo practiqué una clínica generalista (niños, adultos, adolescentes). Con el tiempo fui circunscribiendo mi trabajo a la clínica de niños, paralelamente pude hacer mi experiencia en la Psicología Forense, Laboral, Programación y Prevención de Drogas y en Educacional, en esta última continúo. Creo que todo esto se dio porque hubo un contexto favorable .En la zona norte cuando me inicie estaba Gerardo Vetter , en el Hospital SAMIC, así que el campo ocupacional era grande y diversificado, y psiquiatras, creo que había por entonces uno.

Muchas de las actividades que pude realizar y en las que aún hoy permanezco se las debo al colega Juan Lafata , a quien tengo en gran estima, por la paciencia que me ha tenido, por la solidaridad que lo ha caracterizado y por su vocación docente para conmigo.

Recuerdo en esos primeros años con gran afecto a otros colegas con quienes, pude compartir proyectos, discutir opiniones y sueños que fortalecieron el ejercicio de la profesión en esta zona. Recuerdo a Lucio Lezcano (mi terapeuta), a Edith Fandos , María Teresa, Stella Maris, Eda Cornejo, Aldo Cerruti y Daniel Flecha .

En un principio funcionamos como Asociación de Psicólogos y como tal cumplió sus objetivos, pero ya en el año 1980 después de muchos avatares se cristaliza la tan anhelada Ley del Ejercicio Profesional de los Psicólogos, fue un gran logro y gracias a un grupo de colegas que han trabajado arduamente se pudo dar este paso tan trascendente, que nos permitió una identidad propia. Era tal el lugar que ocupó la Ley, que en la zona norte, por la década del 90, nos conformamos como Delegación del Colegio con el propósito de hacer de contralor del ejercicio pues estaban ingresando colegas que trabajaban sin matrícula, venidos de otros puntos del país, generalmente vinculados al trabajo en empresas de la zona, y ahora teníamos una Ley y queríamos se cumpliera. Así que hicimos un relevamiento e instamos a que se matriculen para ejercer la profesión. Creo que cada una de las acciones que como Colegio se han realizado fue fruto de un gran esfuerzo y vocación de servicio de los colegas.

 Stella Maris Díaz

Un poco de historia

 

Llegamos a Misiones buscando horizontes laborales y encontramos mucho más que eso.

En la década del ’70 comenzó la llegada de los primeros psicólogos a esta provincia.

Nos agrupamos en la Asociación Misionera de Psicólogos, AMIPSI, c principal objetivo era la defensa del rol del psicólogo.

En aquellos tiempos la profesión era nueva, por ende desconocida para la sociedad. La tarea radicaba, en primer lugar, hacer conocer la psicología y sus quehaceres. ¿Cómo? Trabajando.

Simultáneamente, debimos enfrentar muchos embates de parte del poder dominante en esos momentos, pues se pretendía que se la considerara como una carrera auxiliar de la medicina.

Entonces dijimos NO, somos una profesión independiente, y lo demostraremos.

Nuestro ímpetu juvenil nos dio la fuerza necesaria para luchar contra los avatares de aquella realidad política, perseguíamos el objetivo de lograr el reconocimiento que considerábamos legítimo.

Ese objetivo se fue plasmando poco a poco, gracias a aunar nuestros esfuerzos dentro de la AMIPSI y trabajar sin cesar.

La próxima meta era lograr la sanción de la Ley de Ejercicio Profesional y la consecuente colegiación de los profesionales.

La consigna era “hacer legal lo que es legítimo”.

Se trabajó intensamente en su redacción.

¡Lo logramos!!! El 15 de octubre de 1980 se publicó en el Boletín Oficial la Ley Provincial 1306, fecha de fundación del Colegio de Psicólogos de la Prov. de Misiones.

De esta forma el Estado Provincial nos delegó la, no poco importante función, de contralor del ejercicio de la profesión.

AMIPSI y Colegio coexistieron un tiempo, pero ocurría algo particular, no alcanzaba la cantidad de psicólogos para formar dos comisiones directivas, así que nos arreglábamos ocupando cargos en ambas.

Esto es lo anecdótico.

La tradición imponía que la regulación de la matrícula y el resguardo de la ética lo hacía la institución creada por ley, y la defensa gremial era desempeñada por las asociaciones.

Sin embargo lo novedoso de nuestra norma era que contemplaba, o mejor dicho, contempla la función de defensa de la labor del psicólogo.

Entonces ¿qué sentido tenía que existieran ambas organizaciones? En ese contexto la AMIPSI encontró su fin.

Fue la segunda ley sancionada en el país, siendo nuestra provincia pionera en este tipo de logros. Sirvió como modelo para muchas provincias que siguieron nuestro camino, sobre todo después de 1983.

No debemos dejar de mencionar que provocó cierto asombro haber logrado una ley que regulara la profesión de la psicología en plena dictadura.

Fue una verdadera paradoja, pues en general no les resultábamos simpáticos a los militares.

Anivel nacional nos organizamos en la Federación de Psicólogos de la República Argentina (FePRA) de la que formamos parte.

La colegiación es una oportunidad. La oportunidad de reunirse y de agremiarse. La oportunidad de seguir construyendo juntos un lugar de trabajo y producción con la perspectiva de seguir creciendo y ampliando el espacio ganado.

Hemos recorrido un largo camino con logros y frustraciones.

Trabajamos intensamente en el desarrollo de actividades de perfeccionamiento profesional. Organizamos de manera permanente encuentros con profesionales especializados en diferentes temas, donde compartimos momentos de grato aprendizaje.

Gracias al intenso trabajo de muchos colegas, concretamos las IX Jornadas Nacionales en Salud Mental y 1º Jornada Provincial de Psicología en octubre de 2005, donde aprovechamos para celebrar los primeros 25 años de existencia colegiada.

Uno de los principales objetivos permanentes fue la construcción de una institución garante de la jerarquización de la profesión, de la calidad prestacional, de la regulación de las prácticas y el respeto a las normas éticas que rigen el ejercicio profesional. Una institución que contribuya al bien público y a la solidaridad social, que prevenga y luche contra el ejercicio ilegal, garantizando la idoneidad y calidad de las prestaciones frente a la proliferación de falsos profesionales.

A 30 años de aquella premisa que guió al primer grupo de colegas consideramos que hoy no ha perdido vigencia

El Colegio asume un compromiso con la sociedad no solo observando y reflexionando sobre los problemas que de ella van surgiendo, sino también creando propuestas a través de su participación activa, en todas aquellas áreas que le son pertinentes, porque en la función de regular el ejercicio de la profesión se encuentra implícito el resguardar la salud de la población.

 

Daniel Flecha

La memoria casi fotográfica de Daniel Flecha nos ayuda a recordar los primeros tiempos de los psicólogos en Misiones.

“Nosotros nos recibimos en el año 71. Susana Novau se vino para acá, yo me quedé y, en los viajes sucesivos, Susana me iba diciendo “hace falta esto…hace falta lo otro…necesitan psicólogos”. Yo estaba haciendo pasantía no rentada en el Hospital de La Plata y hacía artesanía porque otra cosa no había, y bueno me largué con unas reservas que tenía. Alos 15 días estaba trabajando en la Escuela Normal Mixta, era julio de 1973.

Algunos psicólogos ya estaban, como Beatriz Samper, una chica de Córdoba que era compañera amiga de Huby, en cuya casa yo organicé el primer encuentro de psicólogos que fue, obviamente, un asado, y fue en el chalet que está en Entre Ríos entre Rivadavia y Bs.As. que está al lado del PAMI, en ese chalet se hizo el primer asado de los psicólogos que éramos siete, año 73. Tengo alguna foto de un asado que hicimos en el Salto Tabay creo para octubre, y ahí empezamos a reunirnos.

En el 76 constituimos la AMIPSI, el 21 de septiembre, en calle San Lorenzo casi Salta, en la casa consultorio de Susana Novau, donde ahora está Mara turismo, lo gracioso es que constituimos la comisión directiva y nos sobró un socio. Esa acta la hice yo es mi letra, secretario yo, Tesorera Edith Fandos…Yacá obtenemos la Resolución 5763 por la que se nos otorga la personería jurídica, don Humberto Schiavoni fue nuestro asesor jurídico tanto de la asociación como del colegio, es nuestro padre jurídico. Y Mendoza comenzó con esto de la ley, habían otros que colaboraban, pero él fue el motor de esta cuestión, y el boletín oficial del 15 de octubre de 1980 sale la ley 1306 y como consecuencia de eso se convoca a asamblea para elegir las nuevas autoridades, la matriculación, yo tengo 024, Aldo tiene la 001, fue espontáneo la aparición. Nos reunimos en la Biblioteca Popular, ahí la asamblea y en mérito a toda la gestión lo elegimos a Roberto presidente, fue el primer presidente del colegio. Primer colegio legalmente constituido en el país.

Fue digamos para tantos profesionales que vinimos a Misiones y que lo hicimos como una oportunidad de trabajo y después terminó siendo una oportunidad de proyecto de vida. Por eso en aquella época existía el concepto de paracaidista, que me irritaba muchísimo, porque nos hemos casado, hemos formado familia, hemos desarrollado nuestras profesiones, hemos tenido hijos, nietos y son misioneros, y aquel dicho que una vez escuché “la tierra colorada se pega y se te pega”…y a mí se me pegó y no hay lavandina que me saque…y aparte porque siempre creí y creo que es una tierra que tiene mucho futuro, hay mucho por hacer, hay mucha perspectiva…”

 

Mónica Leira

“Yo me gradué en la Uba en 1977, época gloriosa y hermosa de mi vida por todo el movimiento social que había y todo lo que teníamos que enfrentar en ese momento…en aquel momento era todo a mano y a pulmón. Después yo llegué a esta provincia a fines del 78.

Vine a ejercer porque mientras hice la formación me gané una beca por el mejor promedio en el último año, y con esa beca hice todos los cursos de formación, trabajaba y estudiaba. Sigo creyendo que tiene que estar el colegio…es muy importante que esté el colegio y es muy importante estar en la FePRA, es la defensa del ejercicio profesional para nosotros.

Yo creo que la psicología es una conjunción del arte y la ciencia porque cuando vos trabajás con una persona entran un montón de variables respecto a lo que escuchás y a lo que le decís…más allá de todos los libros que te puedas haber estudiado y toda la formación que puedas tener. Ylos jóvenes tienen que hacer mucho análisis personal, eso para mí es lo básico, si no estamos con eso…ese es el punto A, y la formación teórica la que elijan, la que les guste, porque nadie puede hacer lo que no le gusta, pero tienen que tener una línea que sigan y estudiar mucho, esta profesión no terminás de estudiar nunca…tenés que actualizarte todo el tiempo”.

 Carlos Atencio

Carlos Atencio vino a Posadas en 1979 con su esposa Muty Acuña. En una parte de la entrevista, recuerda:

“Se trabajaba mucho por obra social, se trabajaba y bien, es decir, se cobraba a término y lo que se ganaba alcanzaba. En lo que más trabajo había era en clínica. Creo que con Juan Lafata éramos unos de los primeros psicólogos hombres que trabajábamos con niños o los únicos. No había resistencia y teníamos mucho trabajo. Ycasi todas las consultas eran por conductas entre lo más llamativo que puedo decir. Lo que fue difícil en un momento después de la ley cuando hay un movimiento, todavía no había entrado la democracia, hay un grupo de psiquiatras que se juntan para tratar de derogar nuestra ley, y ahí se armó todo un movimiento, entonces empezamos a juntar adhesiones de toda la gente conocida importante profesionales y sacamos un gran aviso en el diario de todos los que apoyaban la continuidad de la ley de psicólogos, la ley del 80 que fue la única acá. Lo más interesante que primero sale nuestra ley y después sale la ley nacional…

Trabajé en el Poder Judicial en Juzgado de Familia N 2, Area de Discapacitados en Ministerio de Bienestar Social y hoy en Departamento de Resolución de Conflictos y Mediación del Ministerio de Cultura y Educación.

Participé de la creación de la AMIPsi y del Colegio. Quedan buenos amigos”.

 Laura Botta

Laura Botta trabaja en el Hospital Madariaga desde el año 1979, los primeros seis lo hizo ad honorem, después ganó el cargo por concurso y actualmente es la jefa del Servicio de Salud Mental.

“Llegué a Misiones en el año 78, por trabajo de mi marido. La psicología era vista como auxiliar de la medicina, para trabajar en el hospital había que ganarse el lugar. Fue una lucha importante porque la psicología no se conocía mucho a nivel país y en la provincia, menos.

Para la ley de colegiación el Dr. Schiavoni nos ayudó mucho y Stella Díaz trabajo mucho también. Nos aprobaron una ley durante un gobierno militar….

Siempre me gustó trabajar en el hospital porque hay una variedad de pacientes que no se ven en la actividad privada. La gente concurre, existe una importante demanda, también derivan casos los jueces penales, de menores, de familia, las instituciones de derechos humanos, la trata de personas, Policía, Gendarmería, es mucho lo que se ve y se trabaja. La gente viene, busca que la atendamos.

Puedo decir que tengo el placer de trabajar en lo que me gusta.”

 Juan Lafata

Nació en Apóstoles, luego se fue con su familia a Córdoba y regresó el 2 de junio de 1975. Su primer trabajo fue en EMSA, a lo que sumó la docencia (secundaria, terciaria, universitaria y pos grado, con el correr de los años)

Comenzó con consultorio para niños y fue pasando a los padres y ahora adultos y parejas. Entre sus actividades se destaca la creación y consolidación del Centro Manatial.

Desde su llegada se vinculó con otros colegas psicólogos y surgió la idea de asociarse. “Las reuniones incluían picadas como menú y peleas, discusiones apasionadas que terminaban con una buena comida o un partido de fútbol. Nos fuimos poniendo de acuerdo en posturas. Entre todos armamos el proyecto de ley para colegiarnos. Al venir, nos insertamos como auxiliares de la medicina. Para poder trabajar en el IPS teníamos carnet del Colegio Médico. Por todo eso, fuimos armando el colegio nuestro.

No es una profesión para ganar dinero, es disfrutar del desafío que es cada paciente. Les digo a mis alumnos que una cosa es estudiar psicología y otra ser psicólogo, hay que leer, estudiar, formarse permanentemente…”.

María Vidal

Llegó a Misiones y se radicó en el interior, venía de una Buenos Aires donde era un riesgo vivir para quienes tenían un compromiso social. Pero en la tierra colorada continuó la lucha por sus ideas. Hoy está jubilada pero trabajó muchos años y en varias localidades, principalmente como docente.

“No se sabía bien que era esa profesión, la de ser psicólogo, no había mucha gente psicoanalizada. Cada uno de los que llegamos, hizo la práctica que era viable, todos tuvimos una doble inserción. Yo seguí conectada con gente por ejemplo de Rosario, hice dos maestrías, hacer un pos grado era una patriada.

Hoy me preocupa la apertura de tantas carreras que no cuentan con la seriedad con la que uno fue formado, la gente que va a estar con la salud del otro en la mano.

Sigue siendo un desafío fascinante, un compromiso de vida”

Susana Novau

“Hice una buena carrera y egresé con promedio alto, tuve una formación sólida, me marcó esa formación, esa rigurosidad” El 31 de diciembre de 1971 llegó a Posadas. Venite, venite, que vas a conseguir trabajo le dijeron médicos amigos. Empezó a trabajar en la comunidad terapéutica del Hospital Baliña donde la acogieron muy bien, le dieron gran respaldo. Fue la primera psicóloga de ese hospital.

Fue incluida en el colegio Médico de Misiones. Con la Dra. Toledo comienza a trabajar en consultorio privado. Luego la convocan para cátedras en la Universidad Nacional de Misiones, para el trabajo institucional con los menores y otras actividades como charlas para pediatras sobre temas como la maduración del desarrollo. Una intensa y amplia actividad profesional que continúa hoy especialmente en

el ámbito privado.

“La necesidad de armar un marco de legitimación fue el motivo para conectarse y reunirse entre los psicólogos que estábamos en Misiones en la década del 70.

Teníamos una conducción legal de alta eficiencia y mucho reconocimiento a los jóvenes de parte del Dr. Humberto Schiavoni.

A las generaciones más jóvenes: no perder el asombro, un piso que es una línea de despegue que es la observación y un gran amor al conocimiento, ese es el trípode.. Si no tenés respeto por el sufrimiento humano no poder estar en la clínica psicoanalítica, la únicas teoría que comprende el sufrimiento humano es el psicoanálisis, que permite entender al ser humano en su dimensión histórica y antropológica”.

 Edda Cornejo

Desde su Olavarría natal a donde regresó a vivir, vino a Posadas en estos días para compartir los 30 años del Colegio.

“Llegué a Posadas el 4 de febrero de 1974 y ese mismo día empecé a trabajar. En un viaje anterior para visitar a Aldo y Ana n os conectaron con posibles ambientes de trabajo.

Con los psicólogos que estaban compartíamos la vida, la profesión. Veníamos a un lugar sin psicólogos, sin historia en el ejercicio de la profesión, nos fuimos identificando, encontrándonos, construyendo de a poco. Teníamos posiciones ideológicas y políticas diferentes, pero éramos por sobre todo, amigos.

Debo haber sido la única que entró por concurso a la universidad, en esa época. Nunca me gustó la clínica, la inserción en la parte social me gustaba más, La Plata te daba eso. En la universidad encontré mi veta. El primer trabajo tuvo que ver con la Escuela de Enfermería. En el gabinete que creamos, acompañábamos a los alumnos a las salas para trabajar el dolor, la pobreza y la muerte, eso era realmente fuerte. Sigo ahí luego me voy a Brasil tres años con una beca, regreso…

En la Facultad de Humanidades empiezo a trabajar en el Centro de Formación y Perfeccionamiento Docente, creamos el área pedagógica de formación docente a la que me dediqué más de 20 años, con otros muchos cargos que tuve en la Universidad. Desde el año 2000 hasta retirarme estuve en la cátedra, hice

investigación y una parte importante fue el programa sobre la mujer en la problemática de género.

Si trabajé en la Universidad mucho, siempre me fue bien y todo lo hice con gusto”.

 

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